El país de un solo hombre

Martha González Aguilera 

Ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador reaccionó con bastante molestia ante una columna del Wall Street Journal que señala que México se desliza hacia el gobierno de un solo hombre, en el que el Ejecutivo gobierna con la ley del garrote.

La crítica habla de la forma en que López Obrador atemoriza a sus opositores, de todo tipo y con amenazas veladas o directas los intimida.

Lo cierto es que eso ocurre y en todos los sectores, incluso con la ciudadanía en general, a la que en redes sociales atacan ferozmente bots y seguidores comandados desde Palacio Nacional.

En las mañaneras el presidente señala como enemigos a todos aquellos que no estén a su favor y se lanza contra sus críticos, sean quienes sean.

Cada mañana, como lo hizo hoy con el diario estadounidense, lleva la defensa de sus ideas, conceptos, programas y políticas, al punto de la amenaza.

Ha logrado establecer un escenario en el que está claro que se está a su favor o en su contra, sin medias tintas, con lenguaje que sanciona y acusa de neoliberales, conservadores, fifís y otras más.

El Wall Street Journal está más allá del bien y del mal, así que poco debe haberle preocupado al diario o a su columnista los señalamientos del presidente. Pero no pasa lo mismo con los mexicanos, ya sean medios de comunicación, personajes públicos, empresarios o ciudadanos comunes a quienes el presidente toca con el dedo acusador.

Aquí, los seguidores del presidente y el gabinete mismo son herramientas de ataque y control, por lo que hacer una crítica o simplemente estar en desacuerdo puede implicar un problema.

El presidente dijo que “exageran” al decir que su gobierno se está convirtiendo en el de “un solo hombre”, pero es cierto. Por ejemplo, casi todos los recursos, que por cierto no son tantos como presume López Obrador, dedicados a programas sociales son aplicados por el gobierno federal, con la consigna de que es el propio presidente quien los manda, con lo que es el único político que se hace promoción en todo el país y con cargo al erario público, cosa que siempre criticó.

Con las medidas de austeridad y los recortes presupuestales, ningún gobierno local está en condiciones de entregar buenos servicios y mucho menos obras para los ciudadanos, ni siquiera los de su propio partido.

Así las cosas, no es sólo un gobierno presidencialista en el que sólo él manda, sino un país de un solo hombre, un solo político y un solo héroe, casi semi dios.

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