LA REVUELTA DE LOS JUSTOS

Los sentimientos y deseos de nuestro pueblo.

Octavio Martínez Camacho

La semana pasada se vivió un álgido debate en torno al llamado paquete de reformas en materia de seguridad y procuración de justicia. Las críticas fueron consistentes en su mayoría, contra la propuesta de cambiar sustancialmente el modelo procesal penal acusatorio y oral.

Pero no solo ello, además este debate volvió a poner en la mesa de discusión una pregunta, que me parece que antes de entrar al fondo de estas iniciativas de reforma debemos preguntarnos y claro responder responsablemente.

¿Puede cambiarse o reformarse la constitución constantemente?

La verdad es que los constitucionalistas no se han puesto de acuerdo en que si el poder reformador puede o no cambiar la Constitución tantas y cuantas veces lo desee.

El tema de fondo en el debate sobre la propuesta de dar un giro al actual sistema de justicia de corte acusatorio –que se encuentra en nuestro país aún en pañales, cabe decir-  es en realidad si esta reforma tiene cabida en nuestra actual Constitución, es más si podría hoy reformarse nuestra Carta Magna nuevamente para dar paso a ello.

Para entender la importancia que conlleva el reformar nuestra Constitución sobre un tema como lo son los derechos mínimos dentro del proceso penal, debemos primero ponernos de acuerdo en aclarar ¿Qué es nuestra Constitución?

Precisamente, hay quienes piensan que es solo una ley, fundamental pero ley al fin, y son los mismos que afirman que no hay inconveniente en que la Constitución sea reformada cuantas veces sea necesario y pueden una y otra vez pedir y llevar a cabo reformas sin mayor detenimiento.

¿De verdad eso es nuestra Constitución, algo que puede cambiarse o modificarse sin mayor problema?

Estoy seguro que no, y para que nos demos cuenta de lo importante que es una Constitución y su contenido, me gustaría destacar lo que pensaba el licenciado Ignacio López Rayón hace más de 200 años. Para quienes no lo conozcan, fue un abogado insurgente a quien entre otras cosas le debemos el primer proyecto de Constitución en nuestro país.

Bueno Rayón decía que la Constitución no es otra cosa que “los sentimientos y deseos de nuestro pueblo”.  Precisamente de ahí viene la importancia y trascendencia de una Constitución, de nuestra Constitución, pues no es solo una ley sino la máxima expresión de los deseos y anhelos más importantes que como pueblo tenemos.

Por tal razón el ser libres, el dejar de ser esclavos, el limitar el poder en todas sus manifestaciones como lo es el poder de castigar, el elegir libremente a nuestros representes, el que nuestros domicilios sean respetados, el que nuestra privacidad no sea quebrantada, el trato igual, entre otros, no son otra cosa que los deseos y sentimientos de nuestro pueblo, pero además de un pueblo que ha sufrido los abusos del poder históricamente.

Por esta razón, cuando se habla de reformar el proceso penal o reducir los derechos mínimos de un inculpado de un delito, necesariamente estamos golpeando a uno de los deseos más profundos de un pueblo, contar un debido proceso legal, como garantía mínima frente al abuso del poder y la arbitrariedad.

Por supuesto que es deseo de nuestro pueblo vivir en un país seguro, en un país en tranquilidad, en un país en paz, pero esto no puede de ninguna manera traducirse en romper con uno de los grandes reclamos históricos de nuestro pueblo, contar con un debido proceso legal que le garantice a cualquier individuo una mínima defensa frente a una acusación, la oportunidad de contar con todos los medios que tenga a su alcance para defenderse, poder confrontar a quienes lo acusan y que sea considerado inocente no corriéndole la carga por lo tanto de probar su inocencia.

Las iniciativas que ahora se nos presentan son un buen momento para dejar en claro ya de una vez por todas algo, nuestra Constitución no es una simple ley que puede cambiarse sin más ni más.

El debido proceso legal, el respeto a la libertad, a la presunción de inocencia y a los derechos humanos son parte de los grandes y más profundos deseos y sentimientos de nuestro pueblo  y no, no están sujetos a cambios ni reformas, a nuestro pueblo le han costado vidas, sangre y mucha de verdad mucha lucha contra el abuso del poder.

Octavio Martínez Camacho

Abogado Penalista, socio del despacho HMSC.

www.hmsc.mx

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