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Pirotecnia en peligro

Martha González

Ya están encima las fechas patrias y todas las autoridades están ocupadas por revisar las condiciones de seguridad, los espectáculos, los desfiles, las verbenas y las ceremonias cívicas.

Estas son de las fiestas más vistosas que tiene nuestro país, en las que la convivencia suele estar llena de civismo y fervor patrio.

Parte de estos festejos suele ser la pirotecnia, que tanto las autoridades como los ciudadanos utilizan, a veces a gran escala.

Sin embargo, este año parece que las cosas serán distintas. Resulta que los productores de San Mateo, de la comunidad de Tlalchichilpan, dicen que desde la contingencia ambiental que vivimos hace unos meses en el Valle de México y el de Toluca, las ventas se les vinieron abajo.

Recordemos que en esos días se dictó una prohibición del uso de este tipo de productos para los festejos patronales, dado que provocan grave contaminación.

A pesar de que esa era una medida temporal, ya muchas autoridades municipales han vuelto la reglamentación permanente, cosa que el ambiente y los animales agradecen en especial, pero que es benéfica para todos, o casi todos.

En esa población se trata de 150 talleres familiares de los que depende la economía de casi todos los vecinos y dicen que esta temporada han vendido hasta 50 por ciento menos que en años anteriores, tanto en lo que se refiere a castillos como a los tradicionales cuetes que usa la gente.

El panorama no es alentador y pinta para empeorar. Ellos, como otros productores mexiquenses –los han en muchas regiones del Estado de México- vendían sus productos en nuestra entidad y en otras.

Ahora, varios estados han aplicado esta misma reglamentación y con ello, cancelado las ventas de pirotecnia.

Ellos han implementado medidas como el cambio de plástico por cartón y papel o la reducción del uso de pólvora, pero eso no ha sido suficiente.

Es cierto que esta actividad necesitaba ser reglamentada, porque hay lugares en los que hay fuegos artificiales todo el tiempo y de manera excesiva, lo que resulta tremendamente dañino.

Sin embargo, hay miles de personas que de ello viven y pronto podrían quedarse sin opciones de trabajo.

Tal vez es el momento de encontrar el punto medio.

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