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Reivindicación del perredismo mexiquense

Martha González

La situación del PRD es una crisis profunda en la que parece que los últimos defensores de la bandera del Sol Azteca son los militantes mexiquenses, que por cierto, no son lo de menos, pues representan el 20 por ciento de todo el país, según la campaña de afiliación que recientemente tuvo este partido.

Resulta que hoy habrá un conversatorio de lo que será Futuro 21, el partido en el que la cúpula nacional quiere transformar al PRD, pero no convocaron ni tomaron en cuenta para la organización al perredismo mexiquense.

Los del Estado de México se han sostenido –y aún lo hacen- en la postura de que no aceptarán que el PRD desaparezca ni que se transforme en otro partido y ellos aseguran que obtuvieron el apoyo de la mayoría en el pasado Congreso Nacional.

Ahí, también se habría acordado que habría una gira por todo el país para informar a la militancia de todos los estados de los acuerdos que ahí se consiguieron.

Sin embargo, ni siquiera se ha nombrado al comité que se encargará de dicho recorrido, pero si han citado a la reunión de hoy, contrario a lo acordado.

Los perredistas mexiquenses tienen razón cuando señalan que sin resolver los pendientes del partido, no pueden avanzar hacia otro destino.

Por ejemplo, en el Estado de México, hace cinco años que no se renueva la dirigencia estatal y siete las municipales. Esos son rezagos importantes que habría que resolver.

Así las cosas, ayer se reunieron los diputados Omar Ortega y Claudia González con alcaldes y militancia perredista. Ahí se comprometieron a no dejar el Sol Azteca y también generaron un posicionamiento frente a las decisiones de la cúpula nacional.

Básicamente rechazan la imposición desde las alturas y reivindican la necesidad de escuchar a la base.

Dicen que el perredismo mexiquense, el mayor del país, lo que quiere es consenso, pluralidad y unidad, en lugar de autoritarismo.

Lo cierto es que hoy en día todos los partidos están en crisis, una que en realidad abarca nuestro sistema político en pleno.

Esa coyuntura, en gran medida, se debe a que las cúpulas han olvidado que la fuerza real está en la base y dejaron de escucharla.

En este contexto, lo único que puede salvarlos es volver al origen, escuchar a la militancia, atender las necesidades e inquietudes de su gente.

Lo otro, las decisiones cupulares, solo los llevarán irremediablemente a desaparecer, sin importar como se llamen o de lo que pretendan disfrazarse.

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