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Campaña contra la realidad

Martha González

El tema de la seguridad, o mejor dicho, de la inseguridad, está en tercer lugar de las prioridades del gobierno federal, dijo ayer en su conferencia mañanera el presidente López Obrador.

Está convencido de que su visión –que es una forma diferente de abordar el problema- es la adecuada y esa le dicta que lo primero es abatir la corrupción, lo segundo es la equidad y lo tercero la seguridad.

Además, considera que este último tema es consecuencia de los dos primeros, de manera que no hay que atenderlo de manera frontal.

Asegura que a estrategia de usar sólo la fuerza en contra del fenómeno de la violencia no funcionó y por eso ahora él busca atender primero corrupción y equidad, lo que de manera automática abonará a resolver la inseguridad.

Ese fue el discurso de ayer, en el que insistió en que su gobierno ha conseguido frenar la escalada en la comisión de homicidios.

Según sus cuentas, en los meses que van de 2019, no han aumentado los índices a la velocidad que registraban anteriormente, cosa que considera abiertamente un triunfo sobre la delincuencia.

Más allá de si las cifras del presidente son o no las correctas y de si las maquilla o las desconoce, preocupa que la corrupción es el centro de interés de su campaña, no de los mexicanos.

Y es que todas las encuestas, estudios y estadísticas, incluidas las de Inegi, que son oficiales, señalan que la principal preocupación de los ciudadanos es la inseguridad, que según las mismas cifras oficiales, no es cosa de percepción, sino de realidad.

La pregunta central es ¿por qué no dar la batalla contra la inseguridad al mismos tiempo que contra la corrupción?

Ciertamente ese cáncer debe ser abatido si queremos que el país mejore, pero es evidente que la guerra contra la corrupción no será ni corta ni sencilla, por más que el presidente pretenda ganarla por decreto. ¿Será lo mejor postergar la de la violencia hasta el fin de la corrupción?

En este contexto, es muy evidente que el presidente atiende con ahínco el foco de su campaña, no el del interés superior de la sociedad.

Mientras tanto, los homicidios se suman todos los días, junto con extorsiones, secuestros, desapariciones, trata de personas y más. Los que ponen las víctimas son los ciudadanos.

Tanto Morena como la actual oposición se han afanado en creer que pueden pasar por encima de la gente sin más, pero los ciudadanos demostraron en julio pasado que no están dispuestos a permanecer inmóviles por mucho tiempo más. La prueba de fuego serán las intermedias del año que viene, pero eso es en la arena política, porque en la realidad, hay miles de asesinados y contando.

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