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La apuesta por la Guardia Nacional

Martha González

La Guardia Nacional sigue en ciernes. Todavía no está todo establecido, mientras los soldados, marinos y federales están en entrenamiento en el mismo nivel y con las mismas condiciones.

En la base, la cosa no va muy bien, pues ninguna de las tres corporaciones está de acuerdo con formar parte de este grupo.

Para colmo, a los efectivos militares que enviaron a formar parte de este proyecto, además de que van a fuerza, son en la mayoría de los casos muy novatos y los han mezclado con federales ya experimentados.

A pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha denostado a la Policía Federal en todas las formas posibles, quienes está a cargo de esa capacitación son elementos de es corporación, pero en establecimientos castrenses, que no están habilitados ni preparados para ello, mientras que las academias federales, que tienen instalaciones de primera específicamente para la capacitación, están abandonadas.

Para colmo, los federales están acostumbrados a resolver problemas en el campo, mientras que los militares sólo saben obedecer, sin aplicar criterio propio.

Ante toda esta situación y además de las fricciones lógicas entre corporaciones, hay cambios importantes en la legislación que pueden ser delicados, como el hecho de que la guardia nacional podrá disparar a un sospechoso armado aunque éste no accione su arma, lo que ayudaría mucho en el campo, siempre que los elementos estén preparados para tomar la decisión adecuada para aplicar esta regla.

Así las cosas, el reto es grande para este proyecto, la carta fuerte del presidente en materia de seguridad y que podría hacer la diferencia, no sólo con los resultados positivos que se esperan, sino en el trato con la gente.

Tienen una gran ventaja, que es la credibilidad con la que inician y que podría abrirles las puertas a una sociedad que teme a todo tipo de policía.

Sin embargo, habrá que verlos en acción, en las calles y ante situaciones reales, para ver las reacciones de la gente y de ellos mismos en el campo.

Por lo pronto, en las calles, la gente ya los espera con entusiasmo y con grandes expectativas, mientras que el presidente pone con ellos toda la carne al asador.

En esta jugada, todos apostamos. Podemos todos ganar, o perder y lo que está en juego es mucho más que un error presidencial.

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