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Regularizar el caos

Martha González

El secretario del Movilidad, Raymundo Martínez Carbajal, dijo ayer que los taxis colectivos serán integrados a la legalidad como parte del reordenamiento del transporte público, luego de años de batallar por desaparecerlos, retirarlos y contener la enorme cantidad de irregularidades que ahí ocurren.

Claramente los ciudadanos necesitan ese servicio, por eso lo utilizan, pero lo que no les hace falta es el peligro, el asalto, el abuso ni el desorden.

Desde hace décadas discutimos en el Valle de Toluca la urgente necesidad de reordenar el transporte, puesto que son miles de camiones los que circulan por el centro de Toluca, con el resultado del caos que todos conocemos en la ciudad, mientras que la necesidad de nuevas rutas la cubren los taxis colectivos sin cumplir con las mínimas condiciones de seguridad.

Ellos se adueñan de las calles, cobran lo que quieren, hacinan en el vehículo a siete personas, definen sus propias rutas y los asaltos son una constante en la que los propios usuarios dicen que participan los choferes.

La gente lo soporta porque no les queda más remedio, no les ofrecen mejores opciones.

Como toda solución, el secretario aplica la de “son un mal necesario” y mejor los volvemos regulares.

Luego se preguntan por qué las ONGs critican la movilidad en el Estado de México y los ciudadanos no aprecian sus esfuerzos.

Ni nos ven ni nos oyen

Total que entre políticos te veas, ni los que prometen la transformación ni los que tienen décadas en esa labor terminan por entender que hacer felices a los ciudadanos requiere de poco: quieren que los vean.

Para muestras, dos botones, uno tricolor y otro de Morena.

Cómo justificar la respuesta del secretario de Salud del gobierno federal, Jorge Alcocer, a las manifestaciones de familiares de enfermos de cáncer qué exigen medicamentos para sus hijos.

Luego de tantas quejas por la falta de atención en hospitales públicos, el funcionario dice que si no les aplican una dosis no pasa nada “no hay urgencia”. Mientras, los niños suben videos a redes sociales en los que gritan por ayuda porque no se quieren morir.

Luego, la secretaria de Cultura y Deporte del gobierno mexiquense, Marcela González, exalta las brazadas de un nadador paralímpico sin brazos en un discurso oficial.

Peor aún, porque en el mismo escenario, sentado junto al gobernador Alfredo del Mazo, estaba el deportista del que hablaba, Juan Ignacio Reyes, lo que significa que no sólo no investigó cuando trabajaba en el discurso –a pesar de que el evento era específicamente para atletas paralímpicos-, sino que ni siquiera lo volteó a ver cundo lo tenía enfrente.

Trágico, vergonzoso, imposible entenderlos ni mucho menos justificar que sigan en sus puestos.

Ni a cual irle, como dijo algún político famoso de cuyo nombre es mejor no acordarse, ni nos ven ni nos oyen.

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