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Antes del informe

Martha González

Se llegó el día y el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, presentó su Primer Informe de Gobierno.

Lo hizo en un escenario improvisado, en Palacio Nacional, porque decidió en los días previos no asistir al Congreso.

Al presidente no le gustó el ambiente generado en San Lázaro luego del pleito por la presidencia de la mesa directiva y decidió no informar desde el Congreso.

El conflicto se originó cuando Morena decidió, en el último momento, modificar la ley para evitar la rotación de la presidencia de la mesa. Le tocaba al PAN y eso no gustaba a Morena.

Los argumentos de Dolores Padierna para promover el cambio en la ley fueron por demás contradictorios, pues aseguraba que para defender la decisión democrática del pueblo, que se reflejó en una mayoría morenista en el Congreso, era necesario asegurar que ese partido retuviera la presidencia durante tres años.

Así las cosas, consiguió su objetivo y al mismo tiempo evitó que el presidente fuera al Congreso a dar el informe.

Ahí se acabó el discurso de que la oposición está muerta y nada puede hacer en contra de López Obrador. Se terminó para el presidente y también para la bancada morenista.

No hubo oportunidad de que el presidente hablara de los logros de su gobierno frente a la oposición, ni de que los escuchara, ni mucho menos del debate.

Luego, el presidente envió a la secretaria de Gobernación al Congreso con el informe en una mano y una bandera blanca en la otra: la promesa de no usar la iniciativa de trámite preferente.

Ya del informe, no hay mucha novedad, más bien una recopilación del discurso que escuchamos a diario en la mañanera, del tipo vamos muy bien, los mexicanos somos felices, avanza la democracia.

Eso sí, tuvo la inteligencia de aceptar que los resultados no son suficientes en uno de los temas que más preocupan a los mexicanos y en el que ha obtenido las calificaciones más bajas: la seguridad.

Dijo que hay que esperar a la Guardia Nacional, pues ya que esté en plenas funciones será la solución de fondo para ese problema.

La cosa es que, por ejemplo, en el Estado de México la espera será de tres años, antes de tener la cifra de elementos que el gobierno federal considera que son necesarios para resolver el problema de seguridad.

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