Tras 20 años de éxito, floricultura mexiquense en riesgo 

TOLUCA

LAURA VELÁSQUEZ

Tras la emergencia sanitaria, la actividad florícola en el Estado de México al igual que otras actividades económicas cayó. Pese a las complicaciones sanitarias, la producción de flores no paró, pero la compra de las mismas no fue indispensable. Los floricultores pedían a la población apoyar el consumo local, es más, continúan en la búsqueda de alternativas para vender sus productos. Ahora más que nunca, la actividad con más de 20 años de historia, que detonó el Corredor Florícola mexiquense pide a gritos ayuda para recuperarse y poco a poco reactivarse.

Antecedentes

La floricultura es una actividad con 22 años de auge. Aunque inició en la década de los cincuenta del siglo pasado, un grupo de japoneses llegó a Villa Guerrero con la finalidad de producir flores de corte. Este evento marcó al municipio en particular y a la región en general, porque años después se convirtió en el espacio más importante de producción de flor de corte a nivel nacional.

Aunque en algunas comunidades de la región como en Santa Ana Ixtlahuacingo en Tenancingo, la gente ya tenía cierta experiencia en el manejo de las plantas y operaban como floricultores a pequeña escala. Este tipo de producción era muy diferente al de los japoneses en Villa Guerrero, porque en los centros de trabajo de los orientales se fijó un sistema de trabajo en invernadero y a cielo abierto, mientras que en Santa Ana la gente producía a traspatio y de manera poco sistemática. Los japoneses cultivaban en su gran mayoría en terrenos a cielo abierto.

“Los santaneros siempre han sido floricultores, pero antes solo producían en su casa, no tenían un terreno, nomás las macetas que tenían en su casa las llevaban a Tenancingo. No había invernaderos ni nada de lo que actualmente se ve”, contó Mardonio Martínez, productor.

La producción de los habitantes de Santa Ana se dirigía fundamentalmente al mercado regional, pero no se tenía una producción constante y la cantidad de flor era limitada. Mientras tanto, los japoneses producían especies que destinaban a los mercados más importantes de la Ciudad de México; su producción era constante durante todo el año y contaban con una importante planeación. Durante los setenta, los estudios agronómicos apuntaron a que la región tenía condiciones óptimas climáticas para el cultivo de las flores.

A finales de los años cincuenta la producción de la flor fue desplazando poco a poco al resto de las actividades económicas de la región. La llegada de los japoneses coincidió con una fuerte caída en las ventas del aguacate y del durazno, lo que orilló a los habitantes de Villa Guerrero a buscar otras alternativas laborales en la propia región.

Desde principios de esta década la producción de flor había alterado el mercado de trabajo local y las valoraciones que tenían los jornaleros en cuanto a los sistemas de trabajo; esto es, los japoneses pagaban más por la jornada de trabajo y contaban con una clara planeación en los tiempos de trabajo y descanso, situaciones ambas que no estaban presentes en el cultivo del durazno, el aguacate y el pulque que se producían regionalmente.

Tras mostrar la siembra de flores, los campesinos notaron que esta actividad era más rentable que la siembra de hortalizas y maíz. Con estas condiciones de trabajo más favorables se fundó una importante oferta de mano de obra de los jornaleros locales, que prefirieron dejar sus antiguas labores para trabajar en la flor.

Para la población local la floricultura fue una actividad marginal, pero con el tiempo se interesó en conseguir nuevas especies y en tener un mayor control de la producción, por lo que emprendió en la construcción de invernaderos. Sin embargo, cuando los japoneses se percataron de que los floricultores mexicanos iban en expansión, ellos abandonaron la región porque consideraron que la actividad dejaría de ser un negocio rentable.

A fines de los años setenta la floricultura por primera vez figuró en la política agrícola del país. En 1978 se creó la Asociación Nacional de Productores y Exportadores de Ornamentales de México (ANAPROMEX), con el apoyo del Instituto Mexicano de Comercio Exterior (IMCE) y la Dirección General de Economía Agrícola de la Secretaría de Agricultura y Recursos Hidráulicos, para incentivar la exportación de flores y plantas ornamentales.

Con estos programas gubernamentales la floricultura se expandió y comenzó la instalación de los primeros invernaderos tecnificados para optimizar la producción de las flores. El primer proyecto empresarial en la región fue el de Visaflor, situándose como la primera empresa que se dio a la tarea de producir rosas de gran calidad y durante los años ochenta y noventa fue diversificando su producción con la incorporación de nuevas especies. Años más tarde, se creó Rosemex.

En la década de los ochenta cuando la floricultura en el país experimentó un boom por el acelerado crecimiento de la inversión en esa rama de la economía, los pequeños floricultores que producían en condiciones limitadas por la falta de insumos también se beneficiaron, porque se formaron nichos comerciales en los cuales no competían con las grandes empresas.

Durante esos años, las grandes empresas destinaban el 70 por ciento de su producción a los mercados como Estados Unidos mientras que los pequeños productores enviaban sus flores al mercado nacional. Hacia las grandes empresas fluyeron fuertes capitales tanto de inversionistas nacionales como extranjeros; también fluyeron importantes capitales de la inversión pública del gobierno del Estado de México y de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA). Con el impulso de esas inversiones hubo empresas que se expandieron y se consolidaron como las más importantes en la región y en el país.

El proceso iniciado por los japoneses, que continuaron los productores nacionales y dinamizaron las grandes agroindustrias, contribuyó a que el sur del Estado de México se constituyera como la región floricultora más competitiva y rentable del país. Tras esto, en la zona aledaña a Morelos y Guerrero, se sitúo el Corredor Florícola Mexiquense que se integra por los municipios de Tenancingo, Villa Guerrero, Ixtapan de la Sal, Tonatico, Zumpahuacán y Malinalco.

Sin embargo, en el año de 1994 la floricultura inicia su expansión hacia diferentes áreas de la entidad, la tendencia respondió en su momento a la política de reconversión de cultivos del Programa Nacional de Modernización del Campo (Pronamoca). Se visualizó a la agricultura ornamental como una alternativa de negocios viable y rentable para el desarrollo rural.

El nuevo impulso a la producción florícola en el Estado de México se plasmó en el proyecto de fomento a la producción y comercialización de flores, el cual formaba parte de los quince proyectos integrales para fomentar el desarrollo de sistemas productivos y dar fuerza al desarrollo regional. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (SEDAGRO), el escenario estatal inicial se estimó en 2 mil 652 hectáreas cultivadas de flores; 80 por ciento correspondía al sistema de producción a cielo abierto y 20 por ciento bajo el sistema de invernadero. El escenario futuro se diseñó para elevar la superficie sembrada de flores en 50 por ciento o 3 mil hectáreas con un presupuesto de 21 millones 973 mil 881 pesos.

Con esto, se favoreció a los municipios de tradición florícola: Villa Guerrero, Coatepec Harinas, Zumpahuacán, Tenancingo y Malinalco. Así como a nuevos centros de difusión: Metepec, Otzolotepec, Texcoco, Tlatlaya, Tejupilco, Atlacomulco, Donato Guerra, Valle de Bravo, y se estableció como estrategia la coordinación del sector público con los sectores privado y social como universidades públicas, el grupo Visaflor, el Consejo Mexicano de la Flor y otras asociaciones de floricultores.

De esta manera, emergió la floricultura en el sur del Estado de México y estimuló un mercado laboral vigoroso. Pero, también, se expone cómo la expansión de esta actividad coexistió con una migración de la población oriunda hacia los Estados Unidos, lo que dejó espacios disponibles para ser ocupados por jornaleros que migran de regiones con una mayor vulnerabilidad social y precariedad laboral.

Desde los años 80 instituciones como Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA) han concedido créditos abundantes y accesibles a los floricultores, y en el Estado de México se construyó con inversión pública un mercado florícola para la exportación, que fue concluido en 2007.

De 1999 al 2005, durante el mandato que encabezó Arturo Montiel Rojas se comprometió a apoyar a los floricultores debido a que sus cultivos eran los más viables para la zona. Para esto, impulsó la actividad mediante un programa instrumentado por la Secretaría de Desarrollo Agropecuario (SEDAGRO) y el Gobierno federal a través de la entonces Secretaria De Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (SAGAR) para apoyar a productores con tecnología, asistencia técnica y recursos económicos.

Fue de esta manera, mexiquenses dueños de parcelas comenzaron a organizarse, principalmente entre miembros de familia para formar asociaciones de cinco personas. Cristina Ramírez, platicó que ella y sus hermanos empezaron a incursionar de manera más formal en la floricultura. A través de los ejidatarios de la comunidad Francisco Zarco en Tenancingo, le llegó la propuesta de colocar un invernadero. El proyecto consistió en que los cinco socios agrupados aportarían la mitad del costo total y por medio de apoyos gubernamentales recibirían el 50 por ciento restante.

Fue en el año 2004 cuando se aprobó el proyecto para un invernadero de flor de gerbera importada de Holanda. Éste se tituló Establecimiento y Producción de Flores Ornamentales, la inversión para el plan que junto con cuatro de sus hermanos formuló, ascendió a 50 mil pesos cada uno, es decir, 250 mil pesos, con ese monto se encargaron de la compra de 18 mil 500 plantas provenientes de Holanda a través de la empresa Terranigra. Los recursos gubernamentales ascendieron a 300 mil pesos que se utilizaron para la construcción e instalación del invernadero, constó de herraje y plástico. Aunado al sistema de riego y maquinaria, insumos para la preparación de tierra.

Recordó que recibieron asesoría técnica para la realización del proyecto, la cotización de materiales, así como plantas, también para el cultivo de estas y su mantenimiento, esto fue durante 1 año, tiempo en el que junto con los socios del proyecto se adaptaron a la actividad, a la cual, se dedican actualmente.

De acuerdo con estadísticas del Sector Agroalimentario y Pesquero SIAP-SAGARPA, de 2000 a 2011 el valor de producción de la floricultura aumentó a una tasa media anual de 9.5 por ciento; el valor alcanzado fue de cinco mil 646 millones de pesos. En 2011, el cultivo de la flor y plantas en maceta se realizó en seis mil 439 hectáreas, de las cuales se obtuvieron 53.6 millones de plantas, 27.6 millones de gruesas de rosas, crisantemos, claveles y gerberas, 13.7 millones de manojos de aster y 36 mil toneladas de flores de girasol y helecho, principalmente. Según estimaciones, 25 mil 500 productores son quienes encabezan estas actividades y generan alrededor de 188 mil empleos permanentes, 50 mil eventuales y un millón de indirectos.

2 Respuestas a “Tras 20 años de éxito, floricultura mexiquense en riesgo ”

  1. Alguna información está bien, otra muy sesgada. Siempre recurren al productor, quienes tienen gran ignorancia de cómo empezó esto, y transmiten desinformación, también se nota un tinte político.
    Cuando gusten una entrevista puedo canalizarlos con el Zar de la floricultura, el pionero y quien indrustrializo la floricultura.

  2. Es un excelente esfuerzo por comprender la historia de la floricultura en el Estado de México, quizás sólo precisar algunos datos, pero la fuente también los tiene, como medir el volumen de producción en peso ( toneladas) lo que propicia duda y suspicacia. Yo le preguntaría como ejemplo: cuantos kilos de rosa ha regalado? Regala ramos o arreglos con determinado número de tallos. Se mide la producción en decenas, docenas, gruesas o paquetes.
    Es apasionado el tema pero también requiere de mucho cuidado en lo que transmitimos.
    Es un buen tema, poner en alerta el riesgo de la producción floricola del Estado de México
    Saludos y a sus ordenes.

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